El masaje se considera tanto un arte como una ciencia. Es un arte saber ponerse en el lugar de la persona y tratarla de ayudar a que se sienta mejor, y al mismo tiempo se vuelve toda una ciencia el buscar técnicas que se adapten al lugar y a la necesidad de cada persona.
Se dice que el masaje tuvo sus inicios en China, Egipto, la India, Grecia y Roma, sin embargo son los chinos los primeros en sistematizarlo, lo que significa que fueron los primeros en encontrar un método de diagnóstico basado en flujos energéticos, llamados meridianos, los cuales al ser canales sumamente delicados, son capaces de alterar nuestro equilibrio tanto mental como físico.
En todos los países el masaje siempre ha sido un medio de prevención de la salud, ya que una parte importante del masaje se basa en la eliminación de sustancias tóxicas, lo que en la actualidad conocemos como drenaje linfático. En algunos países el hacerse un masaje era una regla higiénica para mantener la salud, de hecho en Japón sigue siendo una regla de higiene mental y física, pues se ha demostrado que la gente rinde más en todas las situaciones de su vida cuando se siente bien.
Los países donde el masaje ha formado parte importante en su desarrollo, han mezclado los beneficios específicos de los masajes con situaciones de su vida cotidiana: Después de las batallas, con el alumbramiento de las mujeres embarazadas, descanso y recuperación después de una enfermedad, mantenimiento de su belleza física, etc. Lo que demuestra que el masaje se ha desarrollado a la par de sus necesidades.
El masaje tomó auge en el Renacimiento, así como resurgían las ciencias y las artes, los médicos del siglo XVI empezaron a poner atención en la aplicación el masaje para la curación de sus pacientes, obteniendo resultados impresionantes e inesperados, superando las expectativas de curación. Los japoneses a su vez empezaron a practicar su propia forma de masaje, aproximadamente en el siglo VI d C, idearon un método de presión dactilar sobre determinados puntos en el cuerpo, hoy conocido como Shiatsu.
A finales del siglo XIX, se desarrollaron en Suecia grandes escuelas de masaje que posteriormente tendrían influencia en todo el mundo, primero se tomo el masaje como preparación para ejercicios de gimnasia, después se incluyeron movimientos de presión, fricción, vibración que al ser combinados con los conocimientos ya adquiridos previamente por los chinos, dieron origen a lo que hoy se conoce como masaje sueco.
En nuestro México desde los tiempos prehispánicos, los Mexicas practicaban el masaje con obsidianas (piedras que hasta la actualidad en nuestra cultura se consideran sagradas por sus propiedades curativas y equilibrantes). México está representado básicamente en la actualidad por los famosos masajes purépechas, el otomí, el maya y el Náhuatl.
A los masajistas en aquellas épocas se les llamaban sobadores o hueseros, pero todas las personas de las comunidades sin excepción alguna, recurrían a ellos para aliviar malestares de cualquier índole. Hasta la fecha se reconoce que ellos son los que nos heredaron vastos conocimientos de bienestar y salud a los actuales terapeutas, sin embargo muchos de los conocimientos que nos dejaron se han ido perdiendo con el tiempo.
Sin embargo la práctica del masaje actualmente esta en constante evolución, y afortunadamente el ser humano está tomando conciencia sobre su cuerpo cada vez más y se preocupa por cuidarlo. En la actualidad, las mentes humanas captan los mensajes del cuerpo, captan que hay un arte para no enfermarse, captan que deben de estar bien en todos los aspectos y sobre todo captan que es una decisión propia estar enfermo o sano, eso hace que en pleno siglo 21 la gente busque alternativas cada vez más naturales para encontrar la integración del cuerpo físico, mental, emocional y espiritual, por lo que cada vez más recurrimos a técnicas ancestrales, que han sido probadas y comprobadas a través del tiempo.
En los próximos posteos te presentaremos los inicios del Temazcal y del rebozo.